¿Se puede saber qué estás haciendo en mi corazón?

Siempre pendiente de mí, siempre ayudándome por muy difícil o caso perdido que pareciese mi petición, nunca ha habido problema sin resolver, nunca hubo pregunta sin responder, y si así era  me pillaba un enfado tonto que al segundo ya era una risa. Una risa…dos risas…tres risas…que a la larga fueron formando una sonrisa permanente, fue ahí cuando me di cuenta de que no solo me caía genial, no sólo teníamos una gran confianza, no era una casualidad sentirme tan bien cada vez que hablábamos, estaba abriendo mi corazón sin darme cuenta, fue totalmente capaz de derretir el hielo que lo rodeaba. Apartarme cuando dudaba sólo hizo que deseara acercarme más, y finalmente lo hice, y no pienso separarme ya.

Derretiste el hielo, ahora necesitaré tu calor en invierno.

Te amo.

S.

Sonrisas que confiesan.

Eso de “una imagen vale más que mil palabras” nah, no es eso, hay que esperar un poco, a la sonrisa que viene tras esa imagen, eso es lo que vale más que una, dos, tres o mil palabras. Esa sonrisa de niña ilusionada cuando le regalan la barbie que siempre quiso. Una sonrisa quizás forzada por los nervios, a veces no le da tiempo a salir completamente, se fusiona con el calor de las mejillas y se pierde entre el revoloteo de las mariposas del estómago, que suben a dar un poco de aire con sus alas, antes de que en lugar de la sonrisa ideada salga una risa histérica. No todas las sonrisas sinceras salen a la primera por el hecho de que si así fuera podrían decir más de lo que queremos o de lo que nos atrevemos a decir. Esta es la sonrisa que siento, basta con recordar esa cara para que salga, la que sale normalmente va acompañada de un manojo de nervios, 40°C, un kilo de mariposas, y una confesión que ocultar.

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Influencias

Ese momento en el que quieres gritar, mostrar al mundo todo lo que sientes, lo que piensas, lo que quieres, lo que eres, pero hay algo que te obstruye la garganta, una sensación de tragar arena, no puedes gritar, ni siquiera hablar pero sí seguir un camino, te detienes tanto tiempo a pensarlo que cuando te das cuenta solo queda una dirección que seguir, el fino hilo de la influencia, pasas por él con cierta dificultad intentando no perder el equilibrio mientras carraspeas tratando de decir algo, pero fallas en el intento, antes de poder decir nada te das cuenta de que ya has cruzado el camino, entonces pensarás “Genial! Al menos he pasado sin caerme, tengo buen equilibrio” y allí te quedarás sin darte cuenta de que en realidad te caíste al empezar a cruzar aquel camino.

Un mundo perfecto.

¿Os imagináis un mundo perfecto? Cada persona tiene un concepto diferente de perfección, mi mundo perfecto sin duda seria así:
Las calles serían de colores y decoradas con flores, sin edificios que destaquen más que otros, todos similares pero cada uno original respecto al otro.
Sería quizás un mundo demasiado infantil, pero sin olvidar que somos personas con cerebro, y que lo más importante es que estaría lleno de diversión, no habría asesinatos, ni robos, ni atentados, ni sufrimientos y tampoco habría lloros, nada haría a sufrir a nadie.
Un mundo donde no sonreír sea ilegal, y todos tengamos una persona especial, y amigos para los buenos y los malos momentos, donde la gente se vea perfecta, aun sin serlo, nada ni nadie es perfecto, siempre han dicho que una imagen vale más que mil palabras, unas veces es verdad, tal vez la mayoría, pero otras hay cosas más importantes que la imagen, aunque mi mundo no aparente ser perfecto, consigo no solo formar parte de él, sino que también forme parte de mi.

Solo en caso de emergencia

Abri la cajita de cristal que envolvía el corazón y encerré esos sentimientos, con una nota diciendo “romper solo en caso de emergencia”.

Pasó un día…dos…tres…era horrible, pero soportable, y la paciencia es una de mis cualidades, así que no, aun no iba a romper el cristal.

Acercarme a hablar con él era el camino más largo…me pesaban los pies como plomo, pero a su vez esa sonrisa tan bonita me elevaba al cielo, se me secaba la boca y se hacia un nudo en mi garganta, “Dios mío, solo necesito pedirle un folio” pensaba la pequeña parte lógica que quedaba de mí en ese momento, “Dios mío, actúa, muestra tus sentimientos, haz algo!” decía aquella parte que normalmente es la que más me convence y domina pero nunca me atrevo a hacerle caso.

Era un mar de sentimientos…podría meterme entre sus brazos y ahogarme en ellos, su boca…sería el refugio perfecto para mi locura, sus ojos a pesar del terremoto que provocaba en mí, me tranquilizaban, podría pasar horas mirándole a los ojos y tragarme toda la pasión que podrían estar desprendiendo los míos…

Dije que me quedaría con lo que me vuelve loca de un hombre, y no con la loca en la que me convierte enamorarme de uno, asi que dejé de sonreir como una idiota y empecé a mirar cada uno de sus tatuajes.

De lo siguiente ya no me acuerdo, pues empecé a soñar.